Basta con usar el sentido común y la experiencia en la selección y el trato con proveedores de productos y servicios que nos resultan desconocidos. No dejaremos de desconfiar, si lo hacemos normalmente, de los proveedores que se presentan de forma agresiva o con la intención de impresionarnos con su discurso y/o su apariencia, de los que nos dan la razón en todo, de los que nos adulan sin conocernos, de los que esquivan darnos las explicaciones que esperamos o de los que parece que nos quieren ocultar o desconocen información aparentemente básica, etc.
Para seleccionar un proveedor, normalmente nos dejamos guiar por la experiencia y el instinto; por la primera impresión; por la sensación de confianza que nos inspira su forma de comunicarse con nosotros en persona y por escrito, en su web, etc.; porque sepa transmitir unos valores que compartimos; porque sepa contradecirnos cuando resulte necesario para hacer valer su experiencia y criterio de forma correcta y educada, sin ser prepotente ni avasallar y, sobre todo, porque nos ofrezca los servicios que necesitamos, cuando los necesitamos y dentro de nuestras expectativas, objetivos y presupuesto.
En el campo de los servicios de internet el factor precio debería tener una importancia relativa poco significativa, ya que lo más lógico es que el proveedor en quien el cliente decida confiar motivado por los factores mencionados anteriormente, le ayude a determinar su presupuesto para poder llevar a cabo el proyecto que realmente necesita.
Desde un punto de vista puramente técnico, poner en marcha una tienda online es relativamente sencillo y puede hacerse en poco tiempo. Hay muchos proveedores de internet especializados en montar tiendas online que ofrecen una gran variedad de opciones y posibilidades dentro de una amplia gama de precios.
Lo importante para vender por internet es justamente lo mismo que a la hora de abrir una tienda en la calle, es decir, tener claros los aspectos de inversión y riesgo, la selección y presentación de los productos, la atención al cliente, la situación del establecimiento, el atractivo del escaparate, las facilidades de pago, la experiencia de compra, la especialización, la variedad y actualidad de la oferta, los precios, las ventajas frente a la competencia, el servicio pre y post-venta, la logística, los plazos de entrega, etc., etc.
La principal dificultad estriba en tener claros todos estos aspectos traducidos al mundo virtual de internet, de modo que parece lógico que, para tener las máximas garantías posibles de éxito al poner en marcha una tienda online, sea recomendable contar con asesoramiento especializado.
Una ventaja aparente de internet es que es posible poner en marcha una tienda online a modo de prueba con una inversión bastante reducida y simplificando muchos de estos aspectos. El riesgo que supone hacerlo así es que, por una parte, será mucho más difícil alcanzar un volumen de negocio suficientemente motivador para ampliar la inversión y que, por otra parte, será casi imposible determinar el potencial real de ventas en un plazo aceptable.
En casos muy especiales, otro posible riesgo en el mundo de internet es que exista una ventana de oportunidad que pueda perderse o un nicho de mercado que pueda desaprovecharse por no realizar el análisis previo imprescindible con suficiente profundidad y/o por no actuar con suficiente rapidez y determinación.